Olvidate que soy poeta poesía
vi una ronda de seres antropomórficos
bailando sin cesar una canción
una percusión cada vez más intensa
y me deje llevar por ellos
y ellos por mí
terminé de enloquecer
entre y salí del manicomio de las palabras
una, dos, tres, cuatro veces
mil quinientas veces
entre y salí de la carcel de las palabras
una, dos, tres, cuatro veces
mil setecientas veces
entre y salí de la muerte
entre y salí de mi mente.
Prosopagnosia cuando te toqué
con mis manos oculares
aquellos danzantes seres antropomórficos
entonces de tanta impresión vomité
vi mi Doppelgänger
en mi charco narciso
y comprendí que eras tu poema
que eras tú lector
que era yo poeta
que no eramos nadie
que yo no era quien para juzgar la vida
ni para lamentarme por ella
ni para desdoblar con palabras la naturaleza
ni con numeros la incertidumbre
ni comprender el universo con un corazón caliente
ni con un amor
ni con mi nombre mismo.
El gran dios viendo mi existencia
viendo mi desorden, mi naturaleza
viendo que ya no era ni humano
ni ser, ni empresa, ni reclamo,
ni dolor, ni alegría, ni amor, ni desengaño,
ni odio, ni felcidad, ni satisfacción,
me convirtió en un puma.
Así ande de incognito, perfil bajo,
hasta que alguien me encontró,
me dió la mano, me acarició,
a pesar de mi apariencia fiera,
de mis heridas que nunca cierran,
de mi sabor a tierra.
Recorde la mano de aquel niño con el que jugué
recorde que lo amé demasiado,
que lo ame hasta el cansancio
lo ame con toda el agua que podía
y todas las fuerzas que tenía
lo ame con cada puerta del corazón abierto
con cada uno de mis pelos,
con cada uno de mis ojos.
Podía derrotar las inclemencias del tiempo
solo por ir a verlo, por jugar con el,
por verlo crecer conmigo,
pero nunca nadie entiendo, y no entendieron,
por eso mi corazón se derritió cuando fui humano
y ande manchando las paredes de poemas
y de números.
Y la gente me leía y me leía,
y me veían caminar como de luto,
como velando un muerto eterno,
una soledad vacía.
Eras tu pequeño, el que más amé
el que me daba su sonrrisa, su esperanza,
el que ofrecía la vida por lo que creía.
Aún recuerdo cuando nos separamos
cuando me dijiste que me esperarías como 5 años
que en mi ingenuidad era toda la vida,
se me hizo arena el desencanto que caía
por mis manos y jugaba con la soledad tardía.
Se pasaron mis gorriones supirando
la primavera florecia y florecía
y las cosas no cedían.
So I started to see you everywhere
poniendo tus canciones favoritas
recordando los momentos favoritos
nunca los olvidaría.
Conocía y conocía, me enamoraba
y deseaba de la vida las cosas más profundas
abrí el caño de la melancolía
¿Quién lo diría?
vinieron las aguas claras, las turbias, las oscuras
empecé a asustarme de todo y tu ya no estabas
te había dicho que te fueras
que lo nuestro ya no se podía
pronto mi ira me consumiría y podía hacerte daño
y no quería que sufrieras por mi naturaleza esquiva.
Nunca lo comprendiste,
yo tampoco nunca lo comprendí,
no lo quiero ni entender,
así como no quiero entender aquello que ocurrió
mientras veía el fondo de las palabras
en la sociedad tardía, en el nido de las ardillas,
los subsuelos del pensamiento ordenado.
Me fui pronto a buscar a la nada
al vacío mismo
ahí El gran dios me encontro llorando mi melancolía
yo no hice nada, ni lo veía.
Depronto sentí que crecieron pelos
que crecían garras,
y no quería verlas,
no quería verme,
era un monstruo,
y la comencé a alejarme de la gente,
y la gente comenzó a alejarse de mí,
pero un pequeño mono
compadecido
observó mi oculta belleza,
y jugamos y jugamos,
hasta terminar el sol,
hasta terminar la tarde muerta,
y la madrugada
y la neblina tempestada.
Y mis garras desaparecían,
y las cosas cambiaron de nuevo.
Pero tanta felicidad no fue suficiente
para hacerme olvidar el fin de las eternidades
y un día
llegaste
y la alegría me cubrió de confianza, de esperanza
y te llevaste lo que mas cuidaba.
Eras tu niño, el que alguna vez me hizo feliz,
pero que sin querer termine odiando por amor a mi mismo
y tu hiciste lo mismo
y nos dejamos de querer.
De nuevo salieron mis garras,
De nuevo mis pelos afloraban y mi ira
y mi colera, mi codicia, mi envidia.
De nuevo te apoderabas de mi,
y no lo contenía,
lo que no había estado explicado
eran las formas, los frutos de ese desencanto pasado
de lo que me hizo un ser apartado
de la felicidad que contenía
de lo que nos había separado.
Los recuerdos me decían que era tu fragilidad enmascarada
los deseos que te dominaban y dominaban
las cosas tibias,
las medias tintas,
de las palabras mal ubicadas.
Así fue como se apoderó de mi la ira,
se apoderó de mi la rabia,
la melancolía.
El mono que alguna vez me vió se fué con la ilusión
que aquel niño le ofrecía.
El gran dios viendo mi existencia
viendo mi desorden, mi naturaleza
viendo que ya no era ni humano
ni ser, ni empresa, ni reclamo,
ni dolor, ni alegría, ni amor, ni desengaño,
ni odio, ni felcidad, ni satisfacción,
me convirtió en un puma.
Y fue entonces,
cuando nadie me reconoció,
ni me reconocía,
que fuí en busca de mi naturaleza viva,
y olvidé así como escribir,
olvidé así como leer,
olvide así como amar,
como cantar,
como reclamar,
como dirigir,
como dominar,
como entristecer,
como odiar,
como ser feliz,
o como estar triste,
o como estar satisfecho
o instasifecho.
Me olvidé de todo, hasta de lo que era mío,
del niño, del mono, de la ciudad violenta,
de las frutas frescas,
de un oso que rondó mi escondite,
de mis aventuras en las profundidades del conocimiento
donde parecía no haber escapatoria o cuando sentí
a la muerte próxima cuando nadie la veía.
Me olvidé hasta de perdonar porque ya no era necesario
y me olvidé hasta de olvidar
porque ahora describo la estela de mi Kay Pacha
y es ahí donde he quedado suspendido para toda la vida
o para toda la muerte.
Nota del Autor: Este es el último poema que voy a escribir por el momento, espero que les hayan gustado mis anteriores poemas, todos ellos están cargados de sentimientos quizá un tanto encontrados pero creo que dentro de todo se puede encontrar algo bello que admirar. Personalmente, la metáfora me ha ayudado a encontrarme a mi mismo, en el sentido de que ha sido un vehículo para poder plasmar algunos sentimientos o circunstancias difíciles de comentar o comprender de inmediato. Por esa razón, creo que el escribir es una forma de katharsis y un compartir que podemos explotar para descubrir no solo la empatía con un otro sino también un disfrute estético y una forma de conocernos a nosotros mismos mediante la lectura. Muchas gracias a todos aquellos que se interesaron por mis creaciones y espero que vengan muchas más con otros aires nuevos.
Saludos,
Eduardo Ernesto Meza Valencia